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Lucian Von Wednar

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Lucian Von Wednar

Mensaje por Invitado el Vie Dic 25, 2009 11:23 am

Nombre completo del personaje: Lucian Alexander Von Wednar

Descripción Física: De un metro noventa de estatura, Lucian es un vampiro de complexión parcialmente musculosa. Su cabellera azabache cae como dos cortinas oscuras poco más abajo de sus hombros. Posee una única cicatriz en la zona de espalda baja, ocasionada por su hermano durante un entrenamiento en su vida humana.

Descripción Psicológica:
Es un líder nato, capaz de dominar sus sentimientos para conseguir los mejores resultados usando la cabeza. Suele ofrecer a sus aliados los mejores beneficios a su alcance y brindar a sus adversarios al más feroz enemigo. Es despiadado y no duda en hacer lo más adecuado para mantener el curso de sus planes. Puede exhibirse arrogante en ocasiones, pero consigue poner los pies en la tierra con facilidad. Se da a respetar rápidamente, tiene modales muy marcados y varios ademanes para acompañar sus palabras.

Edad: Alrededor de 1680 años, aunque luce como un hombre de treinta.

Historia:
Spoiler:
Hay leyendas terribles que tienen su origen en las más retorcidas mentes humanas. Sin embargo, otras tantas surgen por los deseos de demonios hambrientos de sangre y muerte, de almas y terror… Incluso los dioses pueden nacer de los deseos más profundos de otros seres… La luna sangrienta brillaba en la noche del 12 de octubre de uno de los primeros años del siglo V, cuando un niño de facciones feroces venía al mundo gracias a Amelia.

Viktor, su padre, miraría con orgullo el nacimiento de su hijo varón, quien continuaría el legado iniciado siglos atrás por sus ancestros. Su nombre sería Caius. No obstante, la sorpresa llegaría a la familia compuesta por padres e hijo, cuando Amelia también diese a luz a Marius, hermano de Caius.

La posición social de Viktor ayudaría a acoger con facilidad a los pequeños, quienes serían adiestrados en el arte de la esgrima, las ciencias y la administración de los dominios de su padre. Desde luego, no todo sería felicidad para ambos hermanos, puesto que sus personalidades diferentes y las ambiciones de cada uno les llevarían a odiarse; uno solo heredaría el trono de Viktor.

Una tarde de otoño, Caius y Marius viajaban a caballo por las praderas que componían los dominios de su familia, con la determinación de competir en una cacería, cuando fueron atacados por un grupo de bandidos perfectamente encapuchados. Marius fue dejado inconsciente de un golpe, mientras Caius era secuestrado y transportado hasta “La Casa del Diablo”, Ordoghaz. Ahí, una vieja vampiresa le tomaría presa, alimentándose de parte de su sangre al haber nacido bajo la luna roja, veinte años atrás. Pero antes de drenarle, la mirada feroz y desafiante de Caius le capturaría, con lo cual tomaría la decisión de volverle su aprendiz. Las últimas palabras que escucharía el joven humano antes de morir serían: “Cuando despiertes, el mundo habrá cambiado”

La sed fue lo primero que le apremió al retornar a la realidad, pero no una sed común, era una especie de sed que le quemaba la garganta. La vampiresa aparecería de nuevo frente a Caius, con un recipiente de madera en sus manos, ofreciéndole de beber. Sin titubear, Caius tomaría todo el líquido, fácilmente confundiéndole con el sabor del agua fresca y revitalizante. Una carcajada maligna llenaría la habitación, estremeciendo hasta al propio Caius. Miró sus manos, pálidas al igual que sus brazos, y entonces la noticia le fue revelada: había cesado de ser un humano para convertirse en un ser inmortal, para renacer al mundo como un vampiro. El primer paso de su creadora fue darle un nuevo nombre, aprovechando que la información y la negación mermaban la capacidad de pensamiento de Caius; “Serás mi Luz Guardiana, porque así lo deseo” dijo la voz seductora de la inmortal, cerca del oído del neófito, desde entonces conocido como Lucian Alexander.

Una década entera se pasaría velozmente, durante la cual el vampiro se adiestrara en la manipulación de sus nuevos dotes, además de aprender a aceptar su condición y rendir lealtad a su creadora; una década en la cual también fuese privado de todo contacto con su antigua vida, por mucho que tenía la intuición de poseer una familia escondida en alguna parte… aguardándole.

Durante la noche del Samhain, la cual su creadora aprovechaba para cazar criaturas de manera indiscriminada, Lucian escaparía en dirección a la zona que, creía recordar, era su hogar durante su existencia humana. Ahí volvería a ver a Viktor, Amelia y Marius, quienes sentirían un profundo terror al mirar como su hijo muerto regresaba, más aún, la manera en que las flores perecían con la cercanía del vampiro.

Haciendo gala de su antiguo odio, Marius tomaría una vela para lanzarla al brazo de Lucian. Profiriendo un alarido tan pronto el fuego pasase muy cerca de él, Alexander dejaría atrás la casa de su familia, jurándose matarles si se cruzaban en su camino en el futuro. Aquí no acabarían los problemas; una vez en Ordoghaz, su creadora le castigaría severamente por su desobediencia, flagelándole con una daga de plata en la espalda en un centenar de ocasiones. Al borde de la “muerte verdadera”, Lucian sintió nacer un profundo desprecio hacia la humanidad.

Diez años más transcurrieron para que el vampiro volviera a la civilización, oculto tras las murallas de Ordoghaz, fortificándose, incrementando su sapiencia y sus capacidades físicas hasta superar a la mayoría de los más antiguos inmortales al servicio de su creadora, quien veía esto con absoluta satisfacción.

Una noche, finalmente, Lucian recibiría autorización para salir a cazar al mundo exterior, justo como ansiara desde años atrás. Sus movimientos asemejaban a las sombras más infames, su silueta era un borrón y su suerte era la mayor de sus virtudes. Deambulando cerca de un promontorio, encontraría al hermano que odiara y la familia de éste.

Alexander, con paso liviano, se acercaría a encontrarse con su sangre, matando a la esposa de Marius de un solo golpe, ante los ojos atónitos de su sobrino. Los ojos como llamas se clavaron en su hermano, para después drenar su sangre con los poderosos colmillos. Listo para acabar con el pequeño testigo, Lucian se tomaría el tiempo para realizar un breve discurso:

-Tus padres y tú son parte de una terrible familia que merece morir… Descuida, quizás en el infierno puedan purgar sus pecados…Dile al diablo que Von Wednar (el Señor) le envía sus saludos- murmuró para finalmente colocar su corpulencia sobre el infante.

Una criatura enorme saltó de entre la oscuridad, era un hombre gigantesco, con músculos prominentes. Su mirada fiera se posó sobre el vampiro, y de su garganta salió una ronca y cavernosa voz.

-¿Cómo osas atacar a una familia, demonio?
-¿Quién crees que eres?
-Soy uno de los Remer, es todo lo que necesitas saber.

Justo de la nada, uno de los sirvientes de la creadora de Lucian apareció para ordenar al joven vampiro regresar a Ordoghaz, puesto que el hombre frente a él pertenecía a la primer estirpe de hombres lobos. Con las fauces abiertas como bestia infernal, Alexander sin otra elección, arrojó al pequeño al suelo, partiéndole la espalda. Desde entonces adquiriría una colosal furia hacia los enemigos naturales de los bebedores de sangre.

Por doscientos años, Lucian continuó entrenándose, internado en las profundidades de la “Casa del Diablo”, incrementando sus conocimientos, habilidades y dotes sobrenaturales, en ocasiones viéndose involucrado en batallas contra otras criaturas, gozando con el asesinato de otros inmortales.

Una noche de luna llena, Alexander debería combatir a un grupo de hombres lobos que amenazaban con destruir las tierras circundantes a la zona dominada por su creadora. De inmediato, cumpliendo con la misión encomendada por su nombre, Lucian salió en persecución de las bestias. Los licántropos atacaban una minúscula aldea, arrasando con todo a su paso. Sabiendo que hablarles era una pérdida de tiempo, procedió a eliminarles sistemáticamente. El último de ellos, de un pelaje blanco como la nieve, estaba listo para matar a una joven. Con un ágil salto, Alexander evitaría el asesinato de la misma, arrancando la cabeza del monstruo con sus manos desnudas.

Sus ojos color esmeralda observarían a la chica, ahora embelesada por él, con cierta devoción. Su corazón sufrió de una enorme confusión, pero al instante recordó su desprecio por la humanidad y asesinó a la mujer, guardando el secreto de la existencia de los vampiros nuevamente, pero viendo en su parte humana una debilidad de la cual necesitaba deshacerse.

Durante una víspera de año nuevo, Lucian fabricaría su espada mítica, Dunkel Krallen, con el acero más poderoso existente. Saliendo a la luz de las estrellas, ofrendaría su alma a cambio de poder ilimitado para traer el caos a la humanidad. Un resplandor le cegaría por un instante, en el cual experimentara el más grande dolor de su existencia… para después darse cuenta, al mirarse en el lago cercano, que sus ojos habían adquirido un color rojizo, perdiendo el tono esmeralda para siempre.

Retornando a Ordoghaz, deseoso de conocer sus capacidades destruiría a todos los antiguos partidarios con su poderosa espada, absorbiendo parte de sus habilidades con su ahora espada maldita. Frente a frente con su creadora, una sonrisa retorcida y llena de maldad sería la muestra de gratitud a la vampiresa que le diese nueva vida. Un tajo fue suficiente para arrancarle la cabeza.

Libre de toda atadura, Alexander comenzó a sembrar el miedo en los corazones de toda Europa, con un reinado de terror. Sabiendo que quizás necesitaría ayuda en el futuro, reclutó a los vampiros más fuertes a su paso, creando un pequeño ejército de bebedores de sangre. Hombres, mujeres e inmortales le temían por igual, hasta que, cincuenta años más tarde, un grupo de licántropos le haría frente. Liderándoles estaba el mismo Remer que le hiciera retirarse la primera vez, y a su lado, un individuo de complexión musculosa y mirada decidida, quien revelaría ser Seprov Von Wednar, nieto de Marius y ahora soldado al servicio de los Remer. Había adoptado ese apellido tras ser lo único que su padre pudiese articular durante cuatro años posteriores a la pelea con Alexander.

Los dos grupos se enfrascarían en una enorme batalla, en la cual caerían muchos de cada lado; Seprov lucharía con su ancestro mano a mano en un duelo de espadas, haciendo resplandecer la oscuridad con las chispas despedidas por los golpes de las armas. El joven licántropo se vería derrotado al final, con Remer ocupado en un combate contra más de cinco vampiros del señor oscuro; sin embargo, el astro rey aparecería para salvar la vida de Seprov. Entre maldiciones, Lucian y su ejército se retirarían, esperando el futuro para decapitar a sus enemigos.

No sería la última vez que se verían, no sería su única batalla. A partir de entonces, una de las metas principales de Alexander fue asesinar a esas criaturas infernales, no sólo a Remer, sino a todos los perros que conformaban la especie. Con esto en mente, Lucian dio inició a una serie de campañas militares por toda Europa y Asia, siempre encontrándose en las más grandes batallas que la historia conociera.

Lentamente, las proezas del vampiro fueron conocidas en las tierras del viejo continente, así como el ejército de soldados valientes que él mismo convertía, ofreciéndoles la gloria y la eternidad a cambio de simple fidelidad, concediendo con esto los sueños más grandes de todo individuo mortal. No existía la sublevación, nadie tenía derecho a expresar su opinión salvo él, quien se convirtió en su amo y señor, valiéndose de leyendas de cada región, confiriéndose a sí mismo un estado de deidad.

Sintiendo que su campaña progresaba satisfactoriamente, pronto necesitó un sitio donde ocultar a su creciente ejército. Ofreciendo su ayuda como mercenario a diferentes reyes, Alexander conseguiría una gigantesca fortuna a lo largo de varias décadas, aumentando su fama gracias a salir victorioso constantemente, sin ninguna baja y los resultados perfectos en la mayoría de las ocasiones… puesto que, de vez en vez, solía encontrarse con grupos de licántropos actuando independientemente o bajo órdenes de los Herederos… solo entonces algunos de sus soldados caían… esto, desde luego, auxilió también a acrecentar su fama como demonio y dios al mismo tiempo.

Llegado el siglo XIII, Lucian mandaría construir a el majestuoso Castillo de la Noche, Nachtburg, en una zona estratégica de los Cárpatos eslovacos, donde cualquier ejército humano caería víctima del terreno. Desde ahí, Alexander enviaría a varios de sus vampiros a difundir su palabra y obras a los rincones del mundo, con el fin de conseguir más y más soldados para lo que, en su mente, sería el Día del Juicio Final, la batalla definitiva contra los Remer y el descendiente de Marius.

Pronto, los territorios alrededor de Nachtburg se transformaron en una zona prohibida, maldita según los gitanos y en la cual, según otros, habitaba Samael, el Ángel de la Muerte, relacionando su castillo con Abaddon, el reino de los muertos. Ningún mortal podía salir con vida de los dominios del Señor Oscuro, de hecho, muy pocos se atrevían a adentrarse en el bosque alrededor de Nachtburg. Los pocos que regresaban (pues Lucian se valía de algunos testimonios para aumentar su renombre), decían que los espíritus del mal cabalgaban ahí.

Con el descubrimiento del nuevo mundo, Alexander decidió extender aún más su poder (ahora controlando ya parte de Europa, como Hungría, una sección de Rumania, Austria y algunas zonas de Escandinavia y Asia), embarcándose durante principios del siglo XVI a América. Le fue sencillo convencer a muchos indígenas que era uno de los dioses que esperaban, diezmando la atención que le prestaban a Cortés. Durante la “Noche Triste”, Lucian robaría uno de los barcos de Cortés para regresar a Europa, con nuevas adquisiciones para su ejército.

Para cuando los Remer se percataron del enorme poderío militar que Alexander había reunido en secreto, las fuerzas de los licántropos eran relativamente incapaces de enfrentarle, por lo que esperarían la oportunidad de matar a su líder. Por siglos, los hombres lobo harían una guerra de guerrillas para molestar a Lucian y así derrocar al Deus Ex Lamia (vampiro).

El Señor Oscuro (como también le llamaban), desde luego, no haría caso de estas provocaciones, sabiendo el motivo por el cual los licántropos procedían así. Claro está, sus súbditos comenzaban a ver esto como signo de debilidad e indecisión, lo cual él solucionaba decapitando a los que le contradecían, exhortándoles a continuar en “secreto” (puesto que Lucian siempre había tenido cuidado de no dejar evidencias físicas de la existencia de los vampiros), saliendo de vez en cuando a cazar hombres lobo, mientras, oculto a la vista de la mayoría, invertía parte de sus riquezas en proyectos de desarrollo de armamento contra sus enemigos mortales.

Pronto, los cazadores supondrían un problema para el Deus Ex Lamia, pues estos proliferarían más de lo considerado en un inicio. Recibiendo el apoyo del Vaticano (la única instancia que conocía de los inmortales, de manera remota), los cazadores supusieron, al mismo tiempo, una oportunidad para el Señor Oscuro. Seduciendo personalmente a más de una docena, pronto los asesinos de vampiros se volvieron una fuente de información del vampiro, además de peones en su lucha contra los licántropos.

Hasta el siglo XX, los esfuerzos por desarrollar nuevas armas darían sus primeros frutos. De hecho, Alexander se encontraría detrás de la creación de los primeros fabricados, la bomba atómica, el radar, entre otras tecnologías militares. Las luchas entre licántropos y vampiros se volvían más intensas, al grado de destruir pequeñas aldeas de manera natural, ocasionando la ira de Lucian, quien reprendía severamente a sus soldados por ello… ya no necesitaba más difusión de su existencia, prácticamente todos los sobrenaturales le conocían, y los humanos comenzaban a mostrarse suficientemente poderosos como para dar problemas… por lo que prefería usarlos para los fines antes descritos.

El holocausto se acercaba, y con ello los licántropos preparaban un ataque a gran escala al castillo de Alexander, apoyados también de la tecnología que lograban robar ocasionalmente. Al frente de ellos iría Seprov, nieto de Marius, junto con uno de los Herederos. Sin embargo, la operación sería cancelada por falta de hombres suficientes para incursionar en terrenos del Señor Oscuro.

El día del cataclismo, Seprov desobedecería a Remer, dirigiéndose con un grupo de cazadores y hombres lobo a la fortaleza de Lucian. La luna estaba casi llena, dando gran poder al nieto de Alexander. En una batalla épica, las tropas de vampiros y hombres lobo llenaron el “Castillo de la Noche” con sangre, cuerpos y cientos de balas, espadas, flechas y demás armas empleadas por los dos grupos. Habían pasado centurias desde la última batalla entre Seprov y el Señor Oscuro.

En la torre más alta, el señor de Nachtburg, Alexander, se batía en duelo con Seprov, quien empleaba una réplica exacta de la legendaria Dunkel Krallen de su ancestro. El combate fue duro, lleno de altibajos para cada uno de los luchadores, llevándose la ventaja, por primera vez, el licántropo. Preparando el golpe final, el suelo se movió bajo sus pies mientras el castillo entero se derrumbaba hasta quedar hecho un escombro, asesinando a Seprov… dando paso al lugar habitado más tarde por los últimos hijos de los Von Wednar.

Seriamente herido, pero sorteando el cataclismo gracias a sus habilidades, Lucian viajaría a la antigua Ordoghaz, a recobrarse de la batalla, sin muchos vampiros que comandar. Han pasado décadas de esa batalla, su nombre continua siendo tan fuerte como hace mil años, y los rumores de una nueva ciudad llena de humanos que devorar se ha extendido al viejo continente, llegando a oídos de Alexander. Dispuesto a aniquilar a la raza humana, el milenario vampiro decide abandonar sus dominios para encaminarse a América, o sus restos, a consumar su odio y, quizás finiquitar a los hombres lobo para siempre.

Raza: Vampiro

Tipo: Sin alma

Condición: Maligno

Habilidad: Pendiente

Virtud
: Líder natural, inmune.

Defecto:
Toque de escarcha, presencia inquietante

Clan: Von Wednar

Datos Adicionales: Sus ojos son rojos a causa de la ira que siente contra los hombres lobo, nunca cambian de color. Su espada maldita, Dunkel Krallen, tiene una empuñadura en forma de dragón, completamente negro. En el centro lleva un rubí.
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Re: Lucian Von Wednar

Mensaje por Invitado el Vie Dic 25, 2009 8:37 pm

BienvenidoOooOoo O-O pero... ¿vampiro? xD
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Re: Lucian Von Wednar

Mensaje por Invitado el Vie Dic 25, 2009 10:26 pm

Jejeje, gracias. Y bueno, siempre es divertido dar nuevos giros a las historias ^_^
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Re: Lucian Von Wednar

Mensaje por Invitado el Vie Dic 25, 2009 11:31 pm

Lo mismo que Holly Suspect Esto se vuelve Underwooooorld! Bienvenido, algún día, algún día, leeré tu pedazo de cacho de historia! ^^

PD: No sabía que se le podía dar la bienvenida a esta gente Suspect
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Re: Lucian Von Wednar

Mensaje por Invitado el Vie Dic 25, 2009 11:51 pm

Jajajaja Awe 2.1 Yo tampoco sabía que se podían dar bienvenidas aquí... pero dado que no soy extraterrestre y sí un personaje, supongo que estará bien. Sino, ya borrarán los mensajes extra XDDD

Gracias por el recibimiento :D

PD: Lo sé... la historia es una exageración
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Re: Lucian Von Wednar

Mensaje por Invitado el Jue Jul 22, 2010 3:50 pm

Apariencia....después de olvidarlo por siglos...

Invitado ha efectuado 1 lanzada(s) de uno Dado20L (Imagen no informada.) :
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Re: Lucian Von Wednar

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